El marxismo de José Carlos Mariátegui: Ni calco ni copia sino creación heroica

Amigos nuestros, como bien sabréis el día 12 de octubre es la fiesta nacional de España como el 14 de julio lo es para Francia o el 3 de octubre para Alemania. Y lo es porque lo establece una ley. Pero lo que a priori parece sencillo en España no lo es. Y no lo es porque en este país ni la Transición fue tan modélica y los centros de poder continúan en manos de los mismos. No es baladí que la primera institución del Estado, la monarquía encarnada en la figura del Rey, lo fuera por la gracia del dictador y que nuestras calles todavía alberguen la parafernalia  fascista del régimen franquista.

Y ese retintín franquista, ese poso de caspa y esa pátina de oscurantismo continúan marcando el dichoso 12 de octubre. Antaño denominado “día de la raza” y rebautizado “día de la Hispanidad” por el intelectual de la derecha española, Ramiro de Maeztu y que pretendía conmemorar “el encuentro de dos mundos” (más bien encontronazo) que inició el proceso de colonización europea de América. Por lo que hemos conocido después gracias a gente como Paco Fernández Buey (La gran perturbación -1996-);  no hay mucho que conmemorar.

Lo que si es motivo de celebración son otros “descubrimientos”, otros “encuentros” como el del americano Mariátegui con el marxismo. El texto que presentamos a continuación es de Yolanda Luisa C. Rodríguez González, profesora en la Universidade Federal Fluminense que fue presentado en el Seminario Internacional Gramsci e os Movimentos Populares que se celebró en 2010 en dicha universidad.

A. Olivé

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El marxismo de José Carlos Mariátegui: Ni calco ni copia sino creación heroica  

Yolanda Luisa C. Rodríguez González

Introducción

Periodista, político y ensayista, fundador del Partido Socialista del Perú, José Carlos Mariátegui es considerado como uno de los grandes introductores del marxismo en América Latina; con creatividad y lejano al economicismo y determinismo dominantes en el marxismo de la época. Florestan Fernandes considera a Mariátegui como el mayor exponente del socialismo de su generación y de la década 1920-1930 en América Latina (Mariátegui, 1975). El gran sociólogo brasilero señala que Mariátegui promovió los primeros análisis concretos desde una perspectiva marxista, sobre varios temas como la formación del capitalismo en España, la irradiación del capitalismo de Europa a América Latina, las relaciones entre la base económica y las estructuras sociales y de poder de la sociedad peruana.

En la Introducción a la edición brasilera de Por un socialismo indo- americano, Löwy señala que la obra de Mariátegui constituye no sólo, “…a primeira tentativa de pensar América Latina em termos marxistas, mas continua sendo até hoje uma referencia incontornável para a teoría e a prática do socialismo neste continente.” (Mariátegui, 2005, p.8)

¿Qué vincula Mariátegui con Gramsci? ¿Por qué traer a José Carlos Mariátegui a un seminario sobre Gramsci y los movimientos populares?

Aunque fueron contemporáneos, Mariátegui no tuvo contacto personal con Gramsci; sin embargo bebió del ambiente histórico, intelectual y político de la Europa de inicios de los años 20; particularmente en Italia en donde asistió a la fundación del Partido Comunista Italiano y fue fuertemente impresionado por el movimiento obrero; su estadía en Italia coincidió con el inicio de la publicación de L´Órdine Nuovo. La experiencia europea fue para Mariátegui su más vigorosa fuente de formación marxista, como él mismo dijo. Su estadía italiana le permitió conocer un marxismo muy creativo y que reivindicaba la dialéctica (Sobrevilla, 2005).

Se pueden trazar varios puntos de contacto entre estos dos pensadores. Ambos, socialistas fuertemente comprometidos con su tiempo, con las clases trabajadoras, así como con la construcción de lecturas e interpretaciones de su realidad, que fueran la base y el fundamento de propuestas de cambio social. Ambos prestaron una atención especial a lo que hoy llamamos “aspectos culturales”; a la producción y circulación de las ideas, a la necesidad de una renovación cultural y moral, a la educación de los trabajadores desde su condición de trabajadores. Ambos marxistas rechazaron cualquier reducción positivista del marxismo, así como el cientificismo y determinismo que cierran espacio a la voluntad humana, a la actividad transformadora y consciente del sujeto revolucionario; ambos reconocieron la importancia de la tradición, la cultura, las utopías y los mitos. Por eso ambos escriben, reflexionan, estudian diferentes manifestaciones de la actividad social, aspectos que habían merecido poca atención por la teoría revolucionaria entonces. El marxismo para Mariátegui es sobe todo método de interpretación; por ello, el socialismo peruano no debía ser, “ni calco ni copia sino creación heroica”.

Mariátegui es considerado uno de los grandes introductores del marxismo en América Latina; de manera creativa, lejos del economicismo y determinismo dominantes en el marxismo de la época. Para Florestan Fernandes, Mariátegui es el mayor exponente del socialismo de su generación en América Latina, promoviendo los primeros análisis concretos sobre varios asuntos de la sociedad latinoamericana y peruana; sobre todo de las relaciones entre la base económica y las estructuras sociales y de poder de la sociedad peruana. Para varios autores contemporáneos, la obra de Mariátegui constituye no solo la primera tentativa de pensar América Latina en términos marxistas, sino que continúa siendo hasta hoy una referencia de primer orden para la teoría y la práctica del socialismo en el continente.

En Perú, varias generaciones de líderes sindicales y estudiantiles bebieron en Mariátegui; la fundación y sucesivos desgajamientos de partidos políticos de inspiración de inicios de los años 20; particularmente en Italia en donde asistió a la fundación del Partido Comunista Italiano y fue fuertemente impresionado por el movimiento obrero; su estadía en Italia coincidió con el inicio de la publicación de L´Órdine Nuovo. La experiencia europea fue para Mariátegui su más vigorosa fuente de formación marxista, como él mismo dijo. Su estadía italiana le permitió conocer un marxismo muy creativo y que reivindicaba la dialéctica (Sobrevilla, 2005).

En Perú, varias generaciones de líderes sindicales y estudiantiles bebieron en Mariátegui; la fundación y sucesivos desgajamientos de partidos políticos de inspiración marxista en los años 60 y la nueva izquierda en los 70, se hicieron bajo declaraciones de filiación mariateguista. Los más importantes intentos de unificación de esta pléyade de partidos políticos ocurridos en los años 80, convocaron también una fidelidad mariateguista. Las experiencias de educación popular que constituyeron un movimiento efervescente en las décadas del 70 y 80 en Perú, nacieron muchas de ellas como extensión del trabajo de formación política de los y las militantes de estas organizaciones políticas de izquierda. La formación política se tejía con la problemática de la salud, la alimentación y los servicios de agua y de luz de los pobladores de los barrios urbano populares; de los pequeños productores agrarios en el campo; de los estudiantes universitarios y de los empleados públicos en las ciudades; la de los trabajadores manuales en las fábricas. En esa diversidad, las prácticas de educación popular tenían en común varios elementos; una inserción en el territorio específico del mundo popular; una concepción de la educación como práctica política transformadora; un horizonte político que le daba sentido a la práctica cotidiana; y la aspiración de contribuir a un proyecto societal alternativo, inspirado en el socialismo mariateguista.

La influencia europea en la vida y la obra de José Carlos Mariátegui

José Carlos Mariátegui nación en Moquegua, en el sur occidente del Perú, en 1894. Muy joven se inicia en el mundo del periodismo; primero como ayudante de tipografía en el diario La Prensa, en Lima y luego como articulista de la actividad artística y cultural peruana y columnista de El Tiempo. El joven periodista fue tomando contacto con las luchas obreras por la jornada de las ocho horas y la movilización estudiantil por la reforma universitaria en el Perú. Su vocación por las letras y el periodismo lo llevaron a fundar, junto con un grupo de contemporáneos de orientación socialista y anarco sindicalistas, la revista Nuestra Época y después el diario La Razón desde donde difundían una crítica al gobierno de Leguía y proclamaban su simpatía con el movimiento obrero,

Su contacto con el movimiento social de la época junto con las noticias sobre la revolución bolchevique en Rusia, habrían sido los embriones de una conciencia socialista que poco más tarde lo encaminaría al marxismo. Sus años de residencia en Europa entre 1919 y 1923, fueron fundamentales en su formación marxista, como veremos más adelante.

Mariátegui llegó a Europa exiliado por Leguía, régimen conocido como El Oncenio pues mantuvo en el poder al dictador civil de 1919 a 1930. Desde Europa, Mariátegui continuó su labor periodística enviando crónicas a El Tiempo. Fue así que, como corresponsal del diario asistió en Livorno en 1920 al congreso de fundación del Partido Comunista de Italia luego del rompimiento, por la corriente de izquierda del partido con figuras como Antonio Gramsci, del Partido Socialista Italiano. No obstante no hay evidencia de que haya conocido a Gramsci personalmente.

En el periodo de residencia en Europa vivió en Italia y visitó otros países europeos¨: Francia, Alemania, Bélgica, Austria, Hungría y Checoslovaquia. Particularmente en Italia, Mariátegui realiza su formación marxista de forma autodidacta; en un ambiente cultural e ideológico muy influenciado por Gentile y Croce (a éste último si conoció personalmente); y desarrolla una estrecha relación con Piero Gobetti. El impacto de esta estadía en Europa en la maduración del pensamiento de Mariátegui es destacado por diferentes autores que se especializaron en su obra. En el viejo continente Mariátegui no sólo absorbió creativamente el marxismo, sino que bebió de todo el ambiente cultural europeo de la época (Sobrevilla 2005). En Francia, el dadaísmo y el suprarrealismo, el humanismo de Romain Rolland, las orientaciones populares de Barbusse y del movimiento Claridad (Guibal, 1995).

Pero más que todo lo va a marcar su experiencia italiana; allí desposa, en efecto, “una mujer y algunas ideas”; aquellas, en particular, del historicismo croceano tal como va impregnando las investigaciones y las luchas del Ordine Nuovo y del marxismo de Gobetti y de Gramsci. (Guibal, 1995, p.42)

Italia fue el país que más influyó en Mariátegui quien quedó fascinado por el ambiente cultural y político. Según Sobrevilla (2005), el descubrimiento por Mariátegui, a partir de su lectura de los escritos de Piero Gobetti, de las similitudes entre la cuestión meridional italiana y la de la sierra peruana, fue fundamental; “[…] en ambos casos el atraso económico tenía una gran repercusión en la estructura política, social e ideológica de la nación.” (Sobrevilla, 2005, p.103). Sobrevilla destaca que su residencia en Italia le permitió a Mariátegui tomar contacto con un marxismo creativo que reivindicaba la dialéctica, como el de Antonio Labriola y Gramsci.

Flores Galindo (1989) destaca la fuerte influencia de Unamuno, particularmente la lectura que Mariátegui hiciera de La Agonía del Cristianismo, en su idea de la vida como lucha y combate, como agonía;

[…] lo que cuenta es la fuerza para encarnase en las masas, la doctrina deja lugar a la vida, entendida a su vez como lucha y combate, es decir agonía. Esta imagen del marxismo se resistía a la repetición rutinaria de los dogmas y por el contrario fomentaba las herejías, al estilo de Georges Sorel, como único camino posible para renovar y hacer avanzar el pensamiento de Marx. (Flores Galindo, 1989, p.24).

Sobre Sorel, dice Sobrevilla que fue sin duda el socialista francés que más influyó sobre Mariátegui (Sobrevilla, 2005). Según Flores Galindo (1989), Sorel habría ejercido una fuerte influencia en la concepción filosófica de Mariátegui del marxismo como mito, fuerza movilizadora, una agonía de nuestro tiempo.

Agonía es pasión, fe, elan. Agonía se confunde finalmente con esa esperanza que define en la política y en la vida cotidiana el derrotero de Mariátegui: la confianza en el futuro que no reposa en las leyes de la dialéctica, ni en los condicionamientos de la economía, sino en las voluntades colectivas. En otras palabras, se trata del voluntarismo y el espontaneísmo que emergen en diversos pasajes de su pensamiento. (Flores Galindo, 1995, p.25)

Löwy, en la Introducción a Por un Socialismo indo-americano (Mariátegui, 2005), rescatando una referencia de Mariátegui a Sorel en En defensa del marxismo, señala que el Amauta valora en el francés la superación de las bases racionalistas y positivistas del socialismo de su época, revigorándolo y restituyéndole su misión revolucionaria. De este modo Mariátegui resalta,

[…] a dimensão espiritual e ética do combate revolucionário: a fe (“mística”), a solidariedade, a indignação moral, o compromisso total (“heróico”)…O socialismo, segundo Mariátegui, increve-se no bojo de uma tentativa de reencantamento do mundo pela ação revolucionária. (Mariátegui, 2005, p. 17)

A su regreso al Perú en 1923, José Carlos Mariátegui inicia su trabajo de propaganda socialista, particularmente entre los obreros. Participa de las universidades populares – creación de González Prada en los primeros años del siglo XX-; asume la dirección de la revista de izquierda Claridad y colabora con el semanario Variedades y El Mundial. Publica el periódico Labor, “[…] como un instrumento de “educación ideológica” destinado a sostener a los trabajadores peruanos en sus esfuerzos incipientes de organización “clasista” (Guibal, 1995, p.43). Funda y dirige la revista Amauta en 1926 y desenvuelve una intensa actividad ensayística que difunde a través de artículos en revistas. Sobre el significado de la revista Amauta como expresión y aporte en la creación de un ambiente cultural de la época, Guibal dice lo siguiente,

[…] revista de una generación preocupada en enfrentar los desafíos de su época, abierta simultáneamente a los debates del mundo, a las inquietudes del continente y a las cuestiones del país. Hizo de ella no solo una tribuna de alto vuelo intelectual, sino un espacio de debate e intervención político-cultural, cuya meta no era “quedarse en el episodio, sino ser historia y hacerla”. (Guibal, 1995, p.42)

Mariátegui funda la Editorial Minerva para publicar autores nacionales y extranjeros con el objetivo de, “[…] desarrollar la atmósfera intelectual y anímica que permita romper la influencia intelectual e ideológica y oligárquica sobre la nueva generación de intelectuales y artistas.” (Quijano, 1981, p.49). Así, se convierte en un difusor del marxismo traduciendo y publicando textos de Rosa Luxemburgo, Lenin, Trostski, Breton, Sorel, Romain Rolland, Barbusse y Gorki, así como autores latinoamericanos. En 1925 publica su primer libro, La escena contemporánea.

En 1926 Mariátegui es invitado por Haya de la Torre a unirse a la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA, fundada por Haya en 1924 como un frente antiimperialista. Dos años más tarde, cuando el APRA deja de ser un frente para constituirse en partido político, Mariátegui rompe con Haya de la Torre y se dedica a la organización del Partido Socialista del Perú, el cual funda en octubre de 1928 y es elegido secretario general. Ese mismo año sale a la luz la primera edición de los 7 Ensayos y desde la revista Amauta, “[…] proclama sin equívoco alguno su fe en un “socialismo peruano” que ha de realizarse gracias a una “creación heroica” original. Y esta orientación va entonces a materializarse tanto a nivel sindical como a nivel político.” (Guibal, 1995, p.43). En efecto, Mariátegui actúa en la refundación de una organización de los trabajadores obreros y campesinos, entonces influenciada por el anarco sindicalismo. En el año 1929 él impulsó la creación de la Confederación General del Trabajo del Perú que agrupaba trabajadores de la industria y a la Federación Indígena (Mariátegui, 2005, p. 28).

Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana 

Según Florestan Fernandes, los 7 Ensayos aparece como la primera manifestación verdaderamente significativa de lo que se entiende por sociología crítica y militante en América Latina; “O autor imerge plenamente na situação que investiga, a qual pretende, a um tempo, conhecer, explicar e transformar” (Mariátegui, 1975, xv).

Aricó (1978), en el Prólogo a Mariátegui y los Orígenes del Marxismo Latinoamericano, señala sobre Mariátegui y su obra más difundida que,

[…] él, a diferencia del resto de los marxistas latinoamericanos, se esforzó por “traducir” el marxismo aprendido en Europa en términos de “peruanización”. Y es por eso sin duda que, con todos los errores o limitaciones que puedan contener, los 7 ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana siguen siendo, a cincuenta años de su publicación, la única obra teórica realmente significativa del marxismo latinoamericano. (Aricó, 1978, xix)

El propio José Carlos Mariátegui apunta en la Advertencia a la edición de los 7 Ensayos que con esta obra pretende hacer “una contribución a la crítica socialista de los problemas y la historia del Perú”.

Su obra más difundida, 7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana, cuya primera edición vio la luz en 1928, forma parte de la edición popular de las Obras Completas compuesta por veinte tomos en formato pequeño. Sin embargo, la producción de Mariátegui va mucho más allá de esta colección, siendo hasta el momento poco conocida fuera de su país natal. Entre esta, Sobrevilla (2009) destaca las obras recogidas en distintas ediciones, tales como Escritos Juveniles. La edad de piedra, la Correspondenciay Mariátegui total, todas por la editorial Amauta.

Si bien Mariátegui, como reconocen muchos, es el primer marxista en estudiar los problemas de un país latinoamericano sirviéndose de la teoría marxista, en la interpretación de la realidad peruana en su conjunto Mariátegui tiene como antecesores a Manuel González Prada, quien sería el pionero en una reflexión de conjunto sobre la realidad nacional peruana – miembro de la última generación del siglo XIX, exponente del radicalismo anti clerical y anti hispánico-, así como a Francisco García Calderón y Víctor Andrés Belaunde (Sobrevilla, 2005), exponentes de la llamada Generación del 900.

Contexto en el cual Mariátegui piensa y escribe sobre el Perú

Para Quijano (1981), el tiempo en el cual José Carlos Mariátegui piensa y escribe su obra es un periodo que puede ser considerado como un auténtico puente histórico entre la sociedad colonial y la sociedad del tiempo del Amauta porque,

[…] durante él tiene lugar una compleja combinación entre los principales elementos de la herencia colonial, apenas modificados superficialmente desde mediados del siglo XIX, y los nuevos elementos que con la implantación dominantes del capital monopolista, de control imperialista, van produciendo una reconfiguración de las bases económicas, sociales y políticas, de la estructura de la sociedad peruana. (Quijano, 1981, p. 11)

Diez años atrás había ocurrido la Guerra del Pacífico (1879) por el control de recursos naturales del guano y el salitre necesarios para agricultura europea; guerra que había enfrentado a Perú, Chile y Bolivia con la intervención inglesa apoyando al gobierno de Chile y que había producido desastrosos efectos. La guerra afectó en el Perú especialmente a los grupos de la burguesía comercial y terrateniente de la costa que mantenían el control del Estado.

En el plano internacional acontecía la expansión imperialista del capital monopólico y disputa de las burguesías de Estados Unidos e Inglaterra por la hegemonía mundial, sobre todo sobre América Latina, luego de los procesos de independencia de las colonias a lo largo del siglo XIX.

En el periodo de la producción de José Carlos Mariátegui, se dan en el país tres procesos simultáneos; la implantación y consolidación del capital monopolista en una compleja combinación con relaciones pre capitalistas de producción dominantes; la reconstitución de intereses de clases y sus modos de relación con el Estado; el desarrollo de debate ideológico y político dentro de las clases dominantes y entre estas y el resto de la sociedad.

El marxismo de Mariátegui: instrumento de lucha y método de análisis de la realidad

El marxismo fue para José Carlos Mariátegui, “[… ] un marco y punto de partida para investigar, conocer, explicar, interpretar y cambiar una realidad histórica concreta, desde dentro de ella misma.” (Quijano, 1981, p. 63). Quijano (1981) destaca del marxismo de Mariátegui su dimensión de método de interpretación y método de acción.

Mariátegui no aplicó un aparato conceptual para analizar una formación social peruana; se sirvió de él para analizarlo e interpretarlo. El Amauta prestó gran atención a las dimensiones culturales, religiosas, literarias y una perspectiva histórica para entender los procesos de la formación social peruana y elaborar su propuesta socialista. El carácter semi feudal de la formación social peruana (coexistiendo con un capitalismo naciente y un colectivismo comunal-el ayllu), el socialismo basado en el comunismo comunal y el “problema del indio” (campesino e indio), el papel de los artesanos. De ahí la polémica entre Mariátegui y la III Internacional Comunista ó Komintern; ésta veía a América Latina como una realidad homogénea, caracterizada por la semi colonialidad y feudalidad; lo cual hacía necesaria una etapa de desarrollo capitalista para llegar al socialismo; en esta visión homogenizante, el indio no existía. Mariátegui buscó la construcción de un socialismo auténticamente peruano, que no sea ni calco ni copia del socialismo europeo. En el año 29, un año antes de su muerte prematura, presentó su tesis sobre El problema indígena, al congreso para la constitución de la Confederación Sindical Latinoamericana, el mismo que provocó una fuerte controversia y rechazo. Ese mismo año, los planteamientos del Partido Socialista del Perú fueron duramente criticados por la ortodoxia stalinista durante la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, en particular por el dirigente argentino Codovilla. Su concepción de la revolución socialista latinoamericana no coincidía con la ortodoxia de la Komintern, cuyo portavoz era Codovilla. En su concepción del socialismo Mariátegui sostenía la importancia de las formas de asociación pre capitalistas y, en ese sentido, Löwy lo ubica al interior de una corriente “romántica” del marxismo – entre cuyos exponentes ubica a Marcuse, E.P.Thompson, E. Bloch y W.Benjamin-; corriente crítica de las ilusiones del progreso capitalista y que, “[…] sugiere una dialética utópico-revolucionária entre o pasado pré-capitalista e o futuro socialista.” (Mariátegui, 2005, p. 10).

Por lo anteriormente apuntado, Aricó (1987) señala que,

[…] al igual que otros heterodoxos pensadores marxistas, él pertenece a la estirpe de las rara avis que en una etapa difícil y de cristalización dogmática de la historia del movimiento obrero y socialista mundial se esforzaron por establecer una relación inédita y original con la realidad. (Aricó, 1978, xiii)

Según el autor argentino, ello se explica en gran medida por el peso importante que tuvo en formación marxista,

[…] la tradición italiana idealista… y el surgimiento de corrientes crocianas “de izquierda” y marxistas revolucionarias….Mariátegui leyó a Marx con el filtro del historicismo italiano y de su polémica contra toda visión trascendental, evolucionista y fatalista del desarrollo de las relaciones sociales, característica del marxismo de la II Internacional. (Aricó, 1978, xv)

¿Cómo comprendió José Carlos el marxismo? se pregunta Sobrevilla (2009) en su obra y se responde: lo entendió como materialismo histórico, como método de interpretación de la sociedad capitalista y de otras sociedades en las que se combinan diferentes modos de producción. Para Mariátegui el método marxista es en primer lugar, histórico que da primacía al factor económico como determinante en última instancia de la historia. En segundo lugar, el método marxista consiste en el análisis económico de las sociedades en donde una estructura social condiciona una superestructura. Por último, el método marxista está vinculado con una visión socialista que considera la lucha de clases como el motor de la historia.

Esta visión que extrajo José Carlos de Marx la complementó con dos ideas de Georges Sorel: la primera fue la de la superioridad de la clase proletaria frente a la burguesía gracias a su moral, y la segunda la del mito revolucionario.(Sobrevilla, 2005, p. 395)

Como ya fue dicho, para José Carlos Mariátegui, el marxismo es agonía, lucha; afán polémico; conflicto interior; fe apasionada de los que combaten peligrosamente por la victoria de un orden nuevo, “[…] la confianza en el futuro que no reposa en las leyes de la dialéctica, ni en los condicionamientos de la economía, sino en las voluntades colectivas.” (Flores Galindo, 1989, p. 25). De ahí su anti academicismo como el de su generación.

El mariateguismo fue la obra de un periodista, un hombre en estrecho contacto con otros hombres, sumergido en la vida cotidiana, interesado más por el impacto de sus ideas, por la emoción que generaba en sus contemporáneos que por la certeza cartesiana de su pensamiento […] fue un político: nunca estuvo enclaustrado, siempre se interesó por el público, por agitar a las multitudes. (Flores Galindo, 1989, p. 80)

Referencias bibliográficas 

ARICÓ, José. Mariátegui y los Orígenes del Marxismo Latinoamericano. Cuadernos Pasado y Presente 60, México, Siglo XXI, 1978.

FLORES GALINDO, Alberto. La Agonía de Mariátegui. Lima, Instituto de Apoyo Agrario, 1989.

GUIBAL, Francis. Vigencia de Mariátegui. Lima, Empresa Editorial Amauta, 1995.

MARIÁTEGUI, José Carlos. Sete Ensaios de interpretação da realidade peruana. Prólogo de Florestan Fernandes. São Paulo, Alfa-Omega, 1975.

MARIÁTEGUI, José Carlos. Por um socialismo indo-americano. Seleção e Introdução de Michael Löwy. Rio de Janeiro, Editora UFRJ, 2005.

QUIJANO, Aníbal. Reencuentro y Debate: una Introducción a Mariátegui. Lima, Mosca Azul, 1981.

SOBREVILLA, David. El marxismo de Mariátegui y su aplicación a los 7 ensayos. Lima, Universidad de Lima, 2005.

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